jueves, 20 de noviembre de 2008

EL CRECIMIENTO DE LAS PLANTAS

Las plantas, como todo ser vivo nacen, crecen, se reproducen, y mueren.
Las partes u órganos de los que se compone una planta son los que se muestran en la siguiente ilustración:
Las plantas son organismos fotosintéticos multicelulares adaptados a vivir en tierra firme. El cuerpo de la planta tiene áreas fotosintéticas especializadas llamadas hojas, estructuras de conducción y de soporte, los tallos, y órganos que fijan la planta al suelo y absorben agua y nutrientes esenciales de él, las raíces.
Cuando una semilla germina, el crecimiento de la raíz y del vástago procede de los meristemas apicales del embrión. Ciertas células dentro del meristema no pierden la capacidad de dividirse. Otras se alargan y luego se diferencian formando, según su posición, las distintas células especializadas de la planta. Estas células, en combinaciones varias, forman los tres sistemas de tejidos -dérmico, fundamental y vascular- que son continuos en todo el cuerpo de la planta. Las células parenquimáticas, de paredes delgadas y multilaterales, son las células más comunes de las plantas.
Las áreas fotósinteticas por excelencia de una planta son las hojas. La estructura de una hoja parece resultar de un compromiso entre tres presiones evolutivas opuestas: exponer una superficie fotosintética máxima a la luz, conservar agua y, al mismo tiempo, asegurar el intercambio de gases necesarios para la fotosíntesis.
Las plantas, a diferencia de los animales, continúan creciendo durante todo su ciclo de vida. La raíz embrionaria es la primera estructura que aparece de la semilla al iniciarse la germinación. Las raíces fijan la planta al suelo e incorporan agua y minerales esenciales. El crecimiento de las raíces necesita de una gran inversión de energía por parte de las plantas; esta energía proviene de los enlaces químicos de las moléculas carbonadas que circulan por el vástago.

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